Sabes cuáles eran las estrategias de Joseph Goebbels?

Viernes, 26 de abril de 2013
La figura de Joseph Goebbels dentro de la maquinaria criminal nazi está dotada de matices más borrosos de lo que la historia convencional suele reflejar
 
   Foto: Google
El ministro de Propaganda e Información bajo Hitler dibujó una larga sombra sobre el resto de sus compatriotas, siendo su personalidad fría e iracunda, al igual que su inigualable devoción por el Führer, los atributos personales que lo catapultaron históricamente como la segunda figura política más recordada de la Alemania Nazi. Con informaciónprodavinci.com
El manejo propagandístico del régimen se impuso a lo largo del país y del resto de territorios conquistados, plasmando el imaginario de Hitler por toda Europa y en la mente y corazón de miles de europeos.
Sin embargo, la pretendida sabiduría publicitaria de Goebbels puede haber sido exagerada. La sobrevaloración de Goebbels en la historiografía nazi puede desprenderse de que cualquier promoción hecha por Goebbels sobre el régimen resultaba en un espejo que abarcaba no sólo a la personalidad de Hitler, sino la suya también. La demagogia de Goebbels siempre partía de su propia y descomunal ansia de destacarse entre las filas de partidarios nazis, hasta llegar al punto de explotación de su propia imagen de “hombre influyente” dentro del gobierno, la cual diseminó implícitamente por todos los medios comunicacionales a su disposición. Después de todo, no podía caer mal entre los nazis ser visto como la mano derecha del líder.
Esta obsesión por la imagen propia puede develarse en su trabajo como ministro. Goebbels desplegó orgullosamente sus “11 principios de propaganda” que sirvieron  para consolidar el ideario nazi en Alemania:
1. Principio de simplificación y del enemigo único. Concentrar la ideología en un ícono particular, y de igual forma reducir a todos los posibles contrincantes en una sola imagen enemiga.
2. Principio del método de contagio. Encasillar bajo una categoría única las posibles vertientes adversas.
3. Principio de la transposición. Adjudicar los errores propios al enemigo, negando toda responsabilidad ante la población y distraerla del origen del hecho.
4. Principio de la exageración y desfiguración. Desvirtuar hechos y declaraciones a favor del régimen. Mientras más grandilocuente y persuasivo, mejor.
5. Principio de la vulgarización. Llevar tu discurso a las masas implica reducirlo en apariencia a su nivel de entendimiento, con el fin de captar la mayor parte de la población. Aprovechar las limitaciones analíticas de la masa.
6. Principio de orquestación. Establecer un discurso reiterativo y sin fisuras ideológicas, aunque no sea honesto. Según Goebbels, “si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
7. Principio de renovación. La emisión constante de información no sólo distrae al público de los temas que más aquejan a la nación, sino que sobrecoge al rival que no puede abarcar todo el contenido que enfrenta.
8. Principio de la verosimilitud. Legitimar tu discurso a partir de piezas o fragmentos de información verídica.
9. Principio de la silenciación. Desechar y eliminar los temas sobre los cuales el régimen no tenga respuesta, y minimizar los aspectos favorecedores del enemigo imponiendo una presencia silenciadora en todos los medios posibles.
10. Principio de la transfusión. Explotar y promover actitudes y sentimientos viscerales, como el odio o los prejuicios, que se transformen en conductas establecidad que favorezcan al régimen.
11. Principio de la unanimidad. Convencer a las masas de que hay una simpatía unánime por el gobierno y sus líderes.
Estas herramientas publicitarias pueden verse no sólo en la Alemania nazi, sino en decenas de departamentos de propaganda de gobiernos internacionales desde entonces. Sin embargo, la brillantez universal de estos parámetros no parte necesariamente del ingenio, sino del narcisismo. El doctor Leonard W. Doob, tras analizar la mecánica de las acciones propagandísticas del ministro, amplía los principios de Goebbels a 19, los cuales son:
1. Los propagandistas deben tener acceso a la información referente a los acontecimientos y a la opinión pública.

2.
 La propaganda debe ser planeada y ejecutada por una sola autoridad. A esta figura le concierne:
A.- Emitir todas las directrices de la propaganda.
B.- Explicar las directrices de la propaganda a los funcionarios importantes y mantener su moral.
C.- Supervisar las actividades de otras agencias que tengan consecuencias propagandísticas.
3. Las consecuencias propagandísticas de una acción deben ser consideradas al planificar esta acción.

4.
 La propaganda debe afectar a la política y a la acción del enemigo:
A.- Suprimiendo el material propagandístico capaz de facilitar al enemigo informaciones útiles.
B.- Difundiendo abiertamente propaganda cuyo contenido o tono conduzca al enemigo a sacar las conclusiones deseadas.
C.- Incitando al enemigo a revelar informaciones propias de carácter vital.
D.- Absteniéndose de toda referencia a una actividad que perjudique al enemigo cuando ella pudiera desacreditar tal actividad.
5. Debe haber una información no clasificada y operacional a punto para completar una campaña propagandística.
6. Para ser percibida, la propaganda debe suscitar el interés de la audiencia y debe ser transmitida a través de un medio de comunicación que llame poderosamente la atención.
7. Solo la credibilidad debe determinar si los materiales de la propaganda han de ser ciertos o falsos.
8. El propósito, el contenido y la efectividad de la propaganda enemiga, la fuerza y los efectos de una refutación, y la naturaleza de las actuales campañas propagandísticas determinan si la campaña enemiga debe ser ignorada o refutada.
9. Credibilidad, inteligencia y los posibles efectos de la comunicación determinan si los materiales propagandísticos deben ser censurados.
10. El material de la propaganda enemiga puede ser utilizado en operaciones cuando ayude a disminuir el prestigio de ese enemigo, o preste apoyo al propio objetivo del propagandista.
11. La propaganda negra debe ser empleada con preferencia a la blanca cuando esta última sea menos creíble o produzca efectos indeseables.
12. La propaganda puede ser facilitada por líderes prestigiosos.
13. La propaganda debe estar cuidadosamente sincronizada.
A.- La comunicación debe llegar a la audiencia antes que la propaganda competidora.
B.- Una campaña propagandística debe comenzar en el momento óptimo.
C.- Un tema propagandístico debe ser repetido, pero no más allá del punto en que disminuya su efectividad.
14. La propaganda debe etiquetar los acontecimientos y las personas con frases o consignas distintas.
A.- Deben suscitar las respuestas deseadas que la audiencia posee previamente.
B.- Deben poder ser aprendidas con facilidad.
C.- Deben ser utilizadas una y otra vez, pero sólo en las situaciones apropiadas.
D.- No pueden ser distorsionadas o devueltas por el enemigo o la población.
15. La propaganda dirigida al frente nacional debe evitar el suscitar falsas esperanzas que puedan quedar frustradas por los acontecimientos futuros.
16. La propaganda en el frente nacional debe crear un nivel óptimo de ansiedad.
17. La propaganda dirigida al frente nacional debe disminuir el impacto de la frustración.
A.- Las frustraciones inevitables deben ser previstas. Consiste en que una frustración podía resultar menos decepcionante si se eliminaba el elemento de sorpresa o choque.
B.- Las frustraciones inevitables deben ser planteadas en perspectiva. Es dar a los alemanes lo que él llama Kriegsüberblick, es decir, una panorámica general de la guerra. Éstos perderían la confianza en su régimen.
18. La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión, especificando los objetivos para el odio.
19. La propaganda no afecta de inmediato a fuertes tendencias contrarias; en vez de eso, debe ofrecer algún tipo de evasión o distracción, o ambas.
Los preceptos de Doob no sólo son más clínicos y detallistas sobre los procesos de diseminación de información nazi, sino que traen a tierra la visión idealista del organizador supremo del condicionamiento mental del pueblo que Goebbels construyó en sus 11 principios. Como se ve en los principios 1, 2, 6, 7 y 12, muchas de las acciones embarcadas en la campaña mediática nazi tenían como fondo ensalzar no sólo a Hitler, sino al aparato de condicionamiento sobre el cual se sostenía su gobierno. Dicho en otras palabras: Goebbels.
Para el hombrecillo de baja estatura y mal carácter, la exposición propagandística fue el trampolín para elevar a su ídolo al Olimpo de los íconos. Pero cuando Goebbels se sitúa como la encrucijada por la que fluye toda la información, cuando se visualiza como ente de prestigio y autoridad sobre todo conocimiento, cuando oficializa la necesidad de atraer atención y concentrarla bajo su comando, entonces Goebbels se convierte en un lamentable mito en sí mismo