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lunes, 29 de febrero de 2016

El abogado de los yihadistas: "Muchos sueñan con ver muertos a mis clientes"

Reportaje fotográfico de Léo-Paul Ridet.
Un letrado de origen español se ha convertido en defensor de una treintena de islamistas franceses.
"Algunos de ellos han planeado actos peligrosos... Pero les defiendo igual".
Javier Nogueras estuvo a punto de dejar su oficio de abogado de yihadistas el 13 de noviembre. Plantado frente al televisor, con la mirada incrédula mientras contemplaba la matanza de la sala Bataclan (París), el ciudadano que lleva dentro sintió la tentación de abandonar su defensa de estos jóvenes radicales. Nogueras es un aficionado a la guitarra eléctrica, a las terrazas, a los conciertos... a todos los valores que los terroristas golpearon con sus atentados. «Pero el abogado que hay en mí tomó las riendas de la situación rápidamente», explica en su despacho parisino. Y ahora defiende a Jawad Bendaoud, el joven que alojó a los terroristas del 13-N en un piso de Saint-Denis.
Abogado de 35 años y origen español -su familia paterna proviene de Albacete y Valencia, aunque él tan sólo habla «un pouquito» de español-, Nogueras ha saltado a la fama en Francia por hacerse cargo de la defensa en algunos de los casos más polémicos de yihadistas: más de una treintena en los tres últimos años.
Desde mediados de 2014, Nogueras recorre los platós de televisión cada vez que surge una amenaza terrorista en Francia. Pero, pese a esta sobreexposición mediática, el letrado es una persona tímida a la que le siguen intimidando las cámaras. En un piso con diferentes despachos de abogados independientes, al fondo de un estrecho pasillo enmoquetado, encerrado en una pequeña habitación de ocho metros cuadrados junto a una joven becaria que no se despega del teléfono, el polémico penalista insiste en preguntar si es necesario que le fotografiemos. «Por favor, no saque la estantería, los archivos llevan puesto el nombre de mis clientes, es súper confidencial», solicita al fotógrafo.
Hay poco más que retratar. Si acaso, una mesa de trabajo con un ejemplar de Le Figaro del día, un cenicero con chocolatinas que nos ofrece antes de comenzar la entrevista y una cortina de terciopelo rojo que da un aspecto casi teatrero a la habitación.
«Son yihadistas, no terroristas», sentencia al comienzo de la charla. Hoy es su principal línea de defensa: que se puede apoyar la guerra santa sin cruzar la línea roja del terrorismo. Fue lo primero que aprendió en 2013, cuando Nogueras debutó en este delicado oficio de defender yihadistas casi por casualidad: fue uno de los 12 jóvenes abogados elegidos por el Colegio de Abogados de París tras pasar un exigente concurso de oratoria. Es decir, la crème de la crème de su profesión. A cada uno de estos juristas se les asignan casos sensibles con la intención de promocionar sus carreras, aunque Nogueras no creyó en aquel momento que el yihadismo fuera a dar tanto de sí.
El interés «ideológico» que Nogueras dice tener por la «problemática yihadista», como él la llama, le llevó a aceptar nuevos casos cuando su teléfono empezó a pasar de cliente a cliente. Claro que, por aquel entonces, los franceses no tenían miedo de escuchar a esos muchachos perdidos que partían a la yihad en Siria oIrak, para unirse a las filas terroristas de Al Qaeda, Estado Islámico o Al Nusra.
Nogueras es un tipo alegre. Cambia de un tema a otro en cuestión de segundos y rápidamente mezcla una respuesta con una petición a su ayudante, que teclea sin parar mientras archiva perfiles de jóvenes barbudos. Quizás este carácter dicharachero le ayude a sobrellevar tal carga de trabajo, estrés y presión mediática. «Cuando empecé en esto no sabíamos bien qué pasaba en Siria ni teníamos conciencia geopolítica, así que trabajábamos sin plantearnos mucho la cuestión, con inocencia», sostiene.
El choque vino al mismo tiempo que las teles empezaron a escupir imágenes de cabezas cortadas. La decapitación del periodista americano James Foley,secuestrado desde 2013, y la proclamación del califato en el verano de 2014 lo cambiaron todo. También su trabajo. Ahora, trazar la distinción entre yihadistas y terroristas en los medios de comunicación ha sido uno de los objetivos de este abogado encargado de una defensa difícil de justificar ante la población.

¿Qué le dicen sus amigos?
No pueden entenderlo. Tienen miedo.
¿Y su familia?
Menos aún. Todo el mundo me critica, salvo mis compañeros de profesión. Es una lucha muy complicada porque la mayoría de los franceses sueñan con ver a esta gente muerta.
Él, sin embargo, no tiene miedo, aunque empiezan a preocuparle las consecuencias de que el calificativo «abogado de yihadistas» le acompañe cada vez que alguien teclea su nombre en Google. «Muchos potenciales clientes podrían asustarse, eso sí es un problema. Pero, ¿peligro personal? Espero que no».
Aun así, Nogueras toma sus precauciones. Aunque deba convertirse en el depositario de la confianza absoluta de los yihadistas, él no puede entregarse a sus clientes de la misma manera.
A sus defendidos los describe como jóvenes inteligentes -«algunos menos que otros»- con una visión real de la situación. Son conscientes de lo que hacen, entienden de geopolítica, conocen la situación en Oriente Medio y saben por qué están en prisión. Con ellos mantiene largas conversaciones donde se crean vínculos, no de amistad, pero sí de comprensión. «Intento retomar el contacto con ellos para mantener el diálogo en el mismo plano de igualdad, y funciona», explica. Alguno de ellos, ahora en libertad condicional, ha venido hasta su despacho para seguir discutiendo el avance del caso y traer chocolatinas en forma de agradecimiento. Las mismas que ahora Nogueras ofrece a sus invitados.
«Yo les digo enseguida que soy católico y que no comparto sus ideas ni su religión», explica Xavier Nogueras. Este dato supone un shock para muchos de los yihadistas, que al principio muestran reticencias a confiar su futuro penitenciario en un abogado francés. «Nosotros somos los infieles pero hablando y hablando reconocen que somos seres humanos con las mismas condiciones de igualdad», explica. «Yo soy consciente de que si hace seis meses hubiera estado en Siria me habrían decapitado. ¿Se da cuenta? Ahora los abogados somos los únicos que podemos hablar con ellos».
Su notoriedad en este mundillo de «abogados de yihadistas» -un sector en alza dadas las abultadas cifras de retorno que se esperan de filiales terroristas en Siria o Irak, donde ya hay unos 30.000 extranjeros-, ha alcanzado también España. Nogueras defiende a un joven francés imputado en Córdoba, vinculado con la filial de Mustafá Maya Amaya, detenido en 2014, que se dedicaba a la captación y envío de yihadistas. Con la colaboración de un abogado franco español, Nogueras pretende «asegurar su defensa» en traslados puntuales durante los juicios, ya que España «no está acostumbrada a este tipo de defensa».
Cuando habla de sus clientes, no se refiere únicamente al perfil conocido de joven de banlieu, de entre 20 a 30 años, marginado de la sociedad. Nogueras también defiende a jefes de empresa que se fueron a Siria con su familia a cuestas. Ahora, en prisión, se encuentran extremadamente solos y con menos derechos que el resto de prisioneros, un aislamiento que según Nogueras facilita la frustración, la radicalización y aumenta los sentimientos de rechazo al resto de la sociedad.
Su estrategia de defensa se basa en hacer comprender que viajar a Siria no convierte a nadie en terrorista. Por ello, crítica un sistema legal que juzga en función de lo que esas personas podrían hacer en Francia en el futuro, no por haber cometido ningún delito concreto. «Aunque entre la gente que yo defiendo hay algunos que creo que han planeado cometer actos peligrosos», dice. «¿Eso lo nota usted?», le preguntamos. «Ouiiiiiiiii», replica confiado. «Eso se sabe. El dossier habla por sí solo».
Nogueras sonríe. Y luego añade sin vacilar: «Pero lo defiendo de cualquier modo, por supuesto».
El 2015 ha marcado por siempre su carrera profesional y su concepción personal de los clientes a los que defiende. Ya no se atreve a decir que en el 90% de los casos los yihadistas se pueden recuperar, como sostenía antes, aunque sigue convencido de que una estancia corta en Siria, de entre 10 a 20 días, no convierte a nadie en un potencial terrorista. «Cuanto más tiempo permanecen allí, más se radicalizan y más ideas violentas tienen contra Francia», asegura. «Aun así, no sé qué es más peligroso, si un viaje a Siria de tres semanas o una estancia en prisión de dos años».
Estos días, los juzgados de Francia se enfrentan a un momento singular. El número de imputados por su vinculación a grupos terroristas ha pasado de 20 en 2013 a 232 en 2015, lo que implica la adaptación de las estructuras judiciales que debe ir acompañado por un aumento de los medios, según Pascal Gastineau,recientemente nombrado presidente de la Asociación Francesa de Magistrados Instructores. Esta asociación espera que un millar de ciudadanos se presenten como parte civil en las denuncias por los atentados del 13-N en las calles de París.
Lo cierto es que tras los atentados de noviembre, y especialmente con la proclamación del estado de emergencia, el trabajo de Xavier Nogueras se ha duplicado. Cada día recibe nuevas llamadas de franceses de origen árabe que se encuentran bajo arresto domiciliario. Según aseguran en su bureau, los registros y las detenciones afectan a «todo el que tiene un poco más de barba de lo habitual».
¿Las medidas antiterroristas de Francia van en la dirección adecuada?
Lo que el gobierno está haciendo con el Estado de Emergencia es meternos progresivamente en un nuevo sistema de paranoia simplemente por miedo a lo que podría pasar.
¿Cómo se combate el terrorismo entonces?
Con más democracia. Hay que inyectar democracia en la sociedad: más libertades, más derechos, más justicia, más, más y más.

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